Aunque su color y su sabor son muy diferentes de los del chocolate tradicional, el chocolate blanco tiene su origen en el cacao.
La diferencia está en la parte del fruto que se utiliza. Los granos de cacao contienen distintos componentes, entre ellos la manteca de cacao, que es la grasa natural que se obtiene de las semillas del cacao. Para elaborar chocolate blanco se utiliza principalmente esta manteca, mientras que se separan los sólidos de cacao responsables del color marrón y del sabor intenso del chocolate negro.
La manteca de cacao se combina generalmente con azúcar y leche en polvo. Estos ingredientes se mezclan y se someten a un proceso de refinado y calentamiento controlado hasta obtener una preparación suave, cremosa y homogénea. Finalmente, el chocolate se templa para conseguir una textura firme, un aspecto brillante y ese característico punto de fusión que hace que se derrita suavemente en la boca.
Por eso, aunque el chocolate blanco no tenga el color oscuro ni el sabor intenso del cacao, sí contiene un ingrediente procedente directamente del cacao: la manteca de cacao.
Su sabor es delicado, dulce y cremoso, con notas lácteas y de vainilla, por lo que combina especialmente bien con frutas, frutos secos, avena y preparaciones de repostería.
Una opción deliciosa: bizcochitos con chispas de chocolate blanco
Las chispas de chocolate blanco pueden incorporarse a una preparación casera para conseguir pequeños bocados tiernos, aromáticos y ligeramente crocantes por fuera. Una receta sencilla permite disfrutar de su sabor sin necesidad de utilizar grandes cantidades.
Ingredientes para una porción
2 cucharadas de harina de avena.
1 cucharadita de aceite de oliva suave.
2 cucharadas de agua, aproximadamente.
¼ de cucharadita de polvo de hornear.
1 cucharada de chispas de chocolate blanco.
Unas gotas de esencia de vainilla.
Opcional: una pizca de canela.
Preparación
Colocar la harina de avena en un recipiente y agregar el polvo de hornear. Incorporar el aceite de oliva, la vainilla y el agua poco a poco, mezclando hasta obtener una masa blanda que pueda manipularse con las manos.
Agregar las chispas de chocolate blanco y distribuirlas suavemente por toda la preparación.
Formar pequeños bizcochitos y colocarlos sobre una bandeja ligeramente aceitada o cubierta con papel para horno.
Cocinar en horno precalentado a 180 °C durante unos 10 a 15 minutos, hasta que los bordes comiencen a dorarse.
Dejar enfriar unos minutos antes de consumir.
El resultado son unos pequeños bizcochitos caseros, suaves por dentro, con pequeñas zonas de chocolate blanco que aportan un toque dulce y cremoso. Son ideales para acompañar un té, un café o una infusión durante el desayuno o la merienda.





