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Una de las infusiones más aromáticas y reconfortante

La infusión de jazmín es una de las bebidas herbales más apreciadas en distintas culturas, especialmente en Asia, donde el jazmín no solo se valora por su delicado aroma, sino también por sus propiedades reconfortantes y medicinales.

Origen y características

El jazmín (Jasminum officinale y otras especies afines) es una planta trepadora con flores blancas o amarillentas que desprenden un perfume intenso y dulce. Para preparar la infusión, se utilizan principalmente los pétalos de la flor, a veces en combinación con té verde, té blanco o té negro, lo que intensifica tanto el sabor como los beneficios. Sin embargo, también se puede preparar únicamente con las flores secas, obteniendo una bebida ligera, floral y muy aromática.

Propiedades de la infusión de jazmín

Relajante y calmante: su aroma y compuestos naturales ayudan a disminuir el estrés y la ansiedad, favoreciendo un estado de tranquilidad.

Digestiva: se ha utilizado tradicionalmente para aliviar malestares estomacales, gases e indigestión.

Antioxidante: rica en compuestos fenólicos que protegen las células frente al daño oxidativo.

Estimulante suave: cuando está mezclada con té verde o negro, aporta teína en pequeña cantidad, brindando energía sin ser demasiado excitante.

Fortalecedora del sistema inmune: gracias a sus propiedades antibacterianas y antiinflamatorias.

Aromaterapia natural: su fragancia delicada eleva el ánimo y ayuda a conciliar el sueño si se toma en horas nocturnas (especialmente cuando se prepara solo con las flores, sin té).

Contraindicaciones

Si se mezcla con té verde, negro o blanco, puede contener cafeína, por lo que no es recomendable en exceso para personas con insomnio o sensibilidad a los estimulantes.

En embarazadas y lactantes conviene moderar su consumo y consultar con un profesional.

Personas con problemas gástricos severos deben consumirla con precaución, ya que en algunos casos puede incrementar la acidez.

Cómo prepararla

Con flores secas: 1 cucharadita por taza, dejar reposar en agua caliente (no hirviendo) durante 5–7 minutos.

Con mezcla de té y jazmín: infusionar igual que el té base elegido, habitualmente entre 2–3 minutos si es té verde, y 3–5 si es té negro.

El resultado es una bebida perfumada, suave y elegante, que combina el placer sensorial del aroma con beneficios para el bienestar físico y emocional.

El jazmín de infusión tradicional suele provenir del Jasminum officinale o del Jasminum sambac, que son las especies más usadas en tés e infusiones por su aroma delicado y propiedades.

1. Jasminum sambac (jazmín árabe o “sampaguita”)

Es el más famoso en Asia, sobre todo en China e India.

Sus flores pequeñas, blancas y muy fragantes son las que se mezclan con té verde, té blanco o té negro para crear el clásico té de jazmín.

Aroma: dulce, floral e intenso, considerado uno de los más delicados del mundo.

Propiedades: relajante, antioxidante, digestivo, ayuda a calmar la ansiedad y favorece el buen sueño.

2. Jasminum officinale (jazmín común o “jazmín de los poetas”)

De flores blancas en racimos, muy perfumadas.

También se emplea en infusiones y preparados aromáticos, aunque menos que el sambac.

Aroma: fresco, penetrante y elegante.

Propiedades: similares, con efectos calmantes y benéficos para la digestión y el ánimo.

Truco para un aroma más intenso

Tapar la taza o tetera durante la infusión. Así los aceites esenciales del jazmín no se pierden con el vapor.

Degustación

Se disfruta mejor sin endulzar, para captar toda la delicadeza floral.

Si se desea, unas gotas de miel realzan la suavidad sin enmascarar el aroma.

 Resultado:

Una infusión con un perfume penetrante pero delicado, de sabor aterciopelado, floral y ligeramente dulce, considerada una de las bebidas más refinadas dentro del mundo del té.

La infusión de jazmín: un deleite aromático y milenario

Entre las infusiones florales más apreciadas del mundo, el jazmín ocupa un lugar privilegiado. Sus flores blancas, pequeñas y fragantes, dan origen a una bebida considerada un verdadero regalo para los sentidos. Preparada con pétalos secos, la infusión de jazmín ha acompañado desde tiempos antiguos las prácticas de bienestar, la hospitalidad y el arte de disfrutar los momentos sencillos de la vida.

El jazmín para infusión, especialmente en su variedad Jasminum sambac y en el Jasminum officinale, es valorado por la delicadeza de su aroma, que se mantiene incluso después del secado. Al entrar en contacto con el agua caliente, los pétalos liberan aceites esenciales naturales que impregnan la bebida con un perfume floral suave, dulce y elegante. El resultado es una taza que no solo reconforta el cuerpo, sino que también eleva el ánimo, calma la mente y envuelve en serenidad.

 Un sabor exquisito

La infusión de jazmín es descrita como floral, ligera y con un toque aterciopelado en el paladar. Su aroma evoca jardines en flor al anochecer, cuando la fragancia del jazmín alcanza su punto más intenso. Al beberla, se experimenta una sensación de frescura y suavidad, ideal para acompañar momentos de descanso, lectura o meditación. Es un sabor que no necesita más que agua pura para desplegar toda su riqueza, aunque algunas tradiciones combinan las flores con té verde o té blanco, logrando una fusión aún más refinada.

Beneficios reconocidos

Más allá de su perfume incomparable, la infusión de jazmín es apreciada por sus múltiples bondades:

Favorece la relajación y ayuda a calmar tensiones acumuladas.

Contribuye a una digestión ligera, siendo una bebida recomendada después de las comidas.

Sus compuestos antioxidantes protegen al organismo frente al desgaste diario.

Ayuda a conciliar el sueño cuando se disfruta por la noche, en versiones sin teína.

Genera un bienestar emocional inmediato gracias a su fragancia, que actúa como un bálsamo natural.

El arte de prepararla

Para obtener su sabor más exquisito, conviene seguir ciertos pasos sencillos que honran la tradición:

Usar una cucharadita de flores secas por taza.

Calentar el agua sin llevarla a ebullición; la temperatura ideal es de 80 a 85 °C.

Dejar reposar entre 5 y 7 minutos, siempre con la taza o tetera tapada para conservar los aromas.

Servir y disfrutar lentamente, permitiendo que el perfume floral acompañe cada sorbo.

El resultado es una bebida suave y envolvente, que invita a desconectar del ruido cotidiano y sumergirse en un instante de calma.

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